Perdimos un sentido, no la vida

En México no existen facilidades para el traslado y libre manejo de la vida cotidiana de un invidente. Día con día se encuentran con nuevos retos, aunque desarrollan otros sentidos.

Amanece. Es invierno, hay que abrigarse bien. Elige un suéter de textura gruesa. Prepara el desayuno. Tiene memorizado el lugar exacto de cada traste. Sale con su hija de 8 años. La niña la guiará hasta la puerta de su escuela, de ahí en adelante, Marisela seguirá sola. Entra al metro a empujones. A la sexta parada baja. Sale a la luz sin percibir el cambio. Llega a la esquina. Espera varios minutos, antes de que alguien se ofrezca a ayudarla a cruzar la calle.

La misma situación de Marisela, la viven diariamente millones de invidentes en México. Por ejemplo, Amaury, baterista del grupo de ciegos Punto Siete, afirma que las personas con su condición, desarrollan más otros sentidos: "Adivinamos las estaciones del metro al ir contando las paradas o por los movimientos del vagón o la cantidad de pasajeros que suben". Sin embargo, no hay suficientes medidas de accesibilidad, para facilitarles la vida cotidiana.

Varios de los alumnos del Comité Internacional Pro Ciegos I.A.P (CIPC) coinciden en la urgencia de que los invidentes sean una prioridad para las instituciones gubernamentales, ya que por su condición, padecen grandes limitaciones. Es necesaria una grabación en el transporte público, anunciando las paradas y letreros en sistema braille. También es indispensable que se alerte por medio de sonidos cuando el semáforo esté en verde, pues muchas veces, no hay nadie quien los ayude, y la mayoría no cuenta con perros guía.

Para las personas con discapacidad visual, las calles se convierten en un campo de batalla, pues los espacios para los peatones, están llenas de obstáculos como puestos de fritangas, vendedores ambulantes, coches atravesados a mitad de la banqueta, baches, hoyos, basura, cortinas metálicas abiertas sólo a la mitad, u otros objetos con los que constantemente se golpean, sin contar con los peatones que los empujan al pasar. Bernardo, al igual que muchos de sus compañeros del CIPC, se queja de la poca conciencia de algunos: "Aunque hay asientos asignados a minusválidos, la gente los ocupa aprovechando que no podemos reclamarlos."

Pero la situación de mayor adversidad que enfrentan los ciegos, no son las dificultades para desplazarse, sino las pocas oportunidades de integración. A pesar de que el gobierno da incentivos a las empresas que contratan personas con discapacidad, muy pocas lo hacen. Según Luz del Carmen Luna, directora del CIPC: "Los negocios tienen miedo de contratar invidentes. Piensan que se pueden accidentar, por lo tanto, costarán más a la empresa, y que, por su padecimiento, no pueden hacer bien su trabajo".

Sin embargo, cuando se le da la oportunidad a un invidente, es igual o más productivo y responsable que cualquier empleado. El discapacitado visual perfecciona los otros sentidos y al no tener distracciones visuales, se concentra sólo en sus labores, rindiendo al cien por ciento. Desgraciadamente, se sigue pensando que los ciegos son personas inútiles, incapaces de incorporarse al mercado laboral y la mayoría termina subsistiendo del comercio informal: vendiendo baratijas, tocando algún instrumento en las calles o pidiendo limosna.

El problema rebasa la falta de opciones de trabajo. Como dice Amaury: "Se requiere capacitación para que los invidentes puedan desempeñarse en cualquier área, y no sólo en tareas de empacamiento o de telefonistas."

Son muy pocas las instituciones como el Comité Internacional Pro Ciegos, que se sostiene de donativos, en donde se enseña el manejo del bastón, la escritura braille, se imparte desde primaria hasta preparatoria, así como talleres de computación, carpintería, repostería, manualidades, entre otras, para que los invidentes puedan valerse por sí mismos. Luz del Carmen Luna García, directora del Comité, comenta que estos centros son insuficientes para la cantidad de personas que los requieren.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en México hay 10 millones de personas con alguna discapacidad, de ellos, 3 millones sufren algún padecimiento grave de la vista. La ceguera ocupa el segundo lugar en discapacidad, pero es la menos atendida. La causa principal de la pérdida de visión en nuestro país es la diabetes. Según estadísticas, en 10 años, el número de diabéticos aumentará a 15 millones, y con ello, las deficiencias de la vista. ¿Cómo y en dónde se tratará a esos probables 15 millones de discapacitados visuales en un futuro?

Falta mucho por hacer en las instituciones de salud para disminuir y prevenir trastornos en la visión, así como para facilitar la vida del invidente e integrarlo a la comunidad. Sin embargo, también urge un cambio de actitud en la sociedad; acabar con la idea de que al ciego se le tiene que hacer todo. Las personas carentes de la vista exigen respeto, no lástima o rechazo. Sólo necesitan apoyo para demostrar que pueden valerse por sí mismas y ser tan productivas como cualquier individuo. Como dice Adriana, alumna del CIPC, "perdimos un sentido del cuerpo, no el sentido de la vida."

Fuente: http://www.mx.terra.com/tecnologia/interna/0,,OI1030239-EI5483,00.html


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